sábado, 12 de octubre de 2013

Huevos fritos


  Había que escribir algo cotidiano, así que tampoco quedaba mucho lugar para la imaginación...

Huevos fritos

             El aceite comenzaba a chisporrotear en la sartén. Puso el extractor en marcha, inundando la cocina con su molesto ronroneo, y cogió un par de huevos del frigorífico. Con soltura los cascó contra el borde de la sartén y separó ambas mitades de la cáscara, dejando el viscoso interior caer sobre el aceite caliente a una distancia tal que no salpicara.

                Inmediatamente la clara comenzó a blanquear por las orillas. Freidora en mano, fue echando el aceite caliente sobre los huevos y removiendo la sartén. Cuando toda la clara se volvió blanca como la nieve los sacó con la freidora, dejándolo un poco en el aire para que se escurriera bien el aceite, y los puso en un plato. Les echó un pellizco de sal, cogió un trozo de pan y un tenedor y se fue a la mesa.

                Arrancó un pellizco de pan y lo apretó contra la yema, que reventó inundando el plato con su contenido naranja intenso. Impregnó bien el pan con este delicioso líquido y se lo llevó a la boca, relamiéndose ante el intenso sabor. Era lo que más le gustaba de los huevos fritos.

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